miércoles, 25 de septiembre de 2013

El entorno, el niño, la madre y los parecidos.



Toda una paradoja….

Si el niño demuestra creatividad e incentivo no es porque ha crecido en un ambiente libre que ha respetado sus necesidades, sino porque esa desbordada creatividad la ha heredado de algún familiar.

Si el niño tiene un mal día como lo tendría cualquier adulto es porque el “mal carácter” lo ha heredado de la madre que de paso le “perdona” todo cual ser omnipotente.

Si el niño es un alma libre y feliz es porque se parece a tal o cual de la familia, no porque en el hogar tenga libertad de ser y hacer, enseñándole y guiándole claro está el respeto que merecen los demás (siempre y cuando “los demás” le respeten)


En general, esa parte que explica la ciencia que los hijos son 50% de la madre y 50% del padre (genéticamente hablando) se pierden al momento del entorno echar “flores”  sobre las habilidades intelectuales o artísticas de la criatura, pero sorpresivamente aparecen  para “explicar“ los “malos” comportamientos infantiles.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Un nuevo comienzo...

Hola, primero que nada quiero agradecer a Janeth la petición de colaborar en el blog.
Quiero contar brevemente que viví un pasado envuelto en conflicto,violencia física en diferentes grados,humillaciones,rechazos,ninguna sensibilidad emocional...

Desde siempre a algún nivel algo en mi supo que lo que ocurría no estaba bien.Que no era normal recibir una paliza que casi pudo matarte y que la otra figura de referencia lo observara sin inmutarse. Con el tiempo algo en mi desconectó del dolor físico, y con él a un cierto nivel también el emocional.Normalicé y creí que agresión es amor, por que no tienes otro punto de referencia.A otro nivel durante mucho tiempo viví sintiéndome profundamente herida y dañada.


Fui comprendiendo que quien me agredía físicamente estaba atrapada/o, al igual que quien se "quedaba" aparentemente fuera de la situación sin protegerme....igualmente atrapado por tanto.Con el tiempo dejé de preguntar por qué, pues entendí que los motivos que les llevaban a las personas a hacer lo que hacían no se podían entender desde la mente sino desde el corazón. Y después pasé a tomar conciencia de todo el miedo que había pasado, y poco a poco había (sin darme cuenta del todo), dejado de culpar, y por tanto dejado de sentirme una víctima.A un nivel de hechos fui victima, pero a un nivel interno me di cuenta que tras la rabia no hay mas rabia, tras el dolor no hay más dolor,tras el miedo no hay más miedo...y que el sufrimiento es opcional.

Igual que durante mucho tiempo,años, no pude parar de preguntarme cícliclamente por qué...mi cabeza era un auténtico manual de teorías de familia, maltrato,intervención...sutilmente la culpa seguía sosteniendo el conflicto en mi mente.Cuanto más pensaba más sufría.

Del mismo modo conforme empecé a liberarme de las emociones, recuperando mi presencia, etc... fui descubriendo un mundo nuevo que se generaba dentro de mi,se liberaba ....sensibilidad,emoción, amor,esperanza,fe...

Empecé muy joven en temas de desarrollo personal,mi lema era: no repetir... durante mucho tiempo decía no querer tener hijos...y la culpa seguía ahí un poco más de tiempo...Como también la dirección clara de no repetir....y durante un tiempo te crees tan profundamente "mala" que ni siquiera puedes iniciar un trabajo verdaderamente honesto contigo (no vale con decir que no quieres repetir, has de entregarte con fuerza sabiendo de ante mano que eres inocente y hacer un trabajo honesto). La mente se crea muchas excusas y justificaciones para no hacer el proceso,y mientras no te liberes; queda resentimiento, rabia, tristeza, dudas, miedo, negación, vergüenza, culpa (etc) no estarás disponible emocionalmente para tu/s pequeños.... Es más, me atrevo a decir que la mente en conflicto(no liberada) a algún nivel quiere reeditar,ya sea enmascarado de miedos,dudas etc...si estás en rabia,resentimiento,odio,tristeza,melancolía,miedo,dudas,ansiedad,culpa...sigues sosteniendo a algún nivel el conflicto....pero yo sé que lo que quieres es estar emocionalmente disponible,y que en verdad lo que quieres hacer es liberarte de todo el sufrimiento (la mente es sutil a la hora de engañarnos, por eso es básico entrenarse bien).

En mi caso, solo cuando encontré una persona completamente amable, que me aceptaba así tal cual era pude empezar a hacerlo...todo lo que había hecho anteriormente sirvió, pues al conectar con esa amabilidad que tiempo después descubriría que era la mia propia y habitaba dentro de mi....hizo que todo encajara de un golpe....y entendiera (desde un nivel sentido) que no fue culpa  mia, que no fue culpa de nadie...que no había victimas ni verdugos...que podía liberarme de la historia que creía ser, y liberar a los personajes que habían interpretado ese papel,liberarme del tiempo, del pasado y dejar de imaginar y suponer historias catastróficas de repetición....que ahora desde el presente todo el conflicto estaba en mi mente.

Pasó más tiempo,seguí liberándome de creencias limitantes...y seguí viviendo...relaciones de amistad, de pareja....cambiantes en función también de mis cambios internos...no todas mis relaciones han sido maravillosas...pero sí acordes a mi desarrollo interno y ahora lo puedo ver...y del mismo modo algo amable, amoroso,sensible....fue aflorando en mi....vi que eso no podía quedarse en mi ,que era bueno para compartirse....y así otras personas empezaron también a conocerlo....con experiencias distintas empiezas a conocer otras facetas de amor....a dejar ideas falsamente aprendidas y a conocer desde la experiencia que el amor existe, que lo habías olvidado...y llega ese momento en que lo Sabes. Aprendes a construir una nueva idea de amor en tu vida, a detectar que no quieres más, que sí quieres y a sentirte con derecho de ir en esa dirección.

Y de rebote llega la pregunta de: ¿Pues otro tipo de crianza será posible no?....y en cuanto te lo preguntas....encuentras....fuera y sobre todo dentro de ti. E inicias el mismo proceso ahora con el tema de Crianza. Hasta que llega ese punto en que las preguntas cesan, por que las dudas remiten... y ya no hay más preguntas, ni más palabras....solo sientes, te apoyas si es necesario, y todo se vuelve natural...como siempre fue y ahora lo recuerdas.

Ni que decir tiene que nací para ayudar a los demás, por eso tengo mi propia consulta donde atiendo a personas que junto a la amabilidad emprendemos este camino de vuelta juntos, donde la distancia no importa pues las nuevas tecnologías permiten estas cosas.

Para lo que necesiten pueden contactarme en : mangelescrear@gmail.com


Gracias, y nos seguimos contactando.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Una Nueva Paternidad


Este es un libro que me enorgullece enormemente presentar, no solo porque  me incluya entre sus autores o por el hermoso prólogo que escribió mi admirado pediatra Carlos González; sino porque me parece, además de revolucionario, necesario… y de urgente difusión.
Sé muy bien que no es el primer libro que se escribe sobre paternidad, pero a diferencia de los que hasta el momento conozco o he leído, este es muchísimo más que una especie de manual de instrucciones o guía práctica de crianza “moderna”. Para mi es más bien como una apertura total de corazón, como pocas veces veo cuando se trata de “conversaciones de hombres”, a menos que se esté hablando de fútbol o de política.
Más que palabras, lo que leerán acá es el alma (desde lo más profundo) de una gran mujer y  de siete valientes hombres.
¿Que por qué valientes? Pues porque, como bien sabemos, vivimos en un mundo donde la masculinidad suele estar a miles de kilómetros de la ternura y las emociones naturales (especialmente cuando de paternidad hablamos). 
Y por supuesto que no es nuestra culpa, pues ¿Qué es lo que se nos enseña desde muy pequeños? Entre otras cosas que no debemos llorar, que no debemos usar determinados colores o jugar ciertos juegos porque “son de niñas”, que no debemos estar muy pegados a mamá porque seremos unos mimados, ¿Y en cuanto a  papá? Pues que ni se le ocurra cargarnos o abrazarnos mucho, pues no le respetaremos jamás y nos volveremos unos “afeminados” ¿Les suena?
También me encuentro frecuentemente en la calle y en las charlas que suelo dictar sobre el tema, a muchas personas juzgando a algunos hombres (por no decir a todos) de no involucrarse lo suficiente en la crianza de sus hijos, de no ser más que proveedores en vez de protectores, de no escuchar a su pareja (Uy, cuantas veces escucho esto), de ser demasiado rígidos en la formación y educación de sus hijos, especialmente cuando estos son varones.
Y ni hablar de la paternidad ausente; desde el hombre que decide huir y desentenderse de la responsabilidad que tiene sobre sus hijos, hasta el que decide asumir la manutención pero se ausenta emocional y a veces hasta físicamente.
También suele juzgarse a los papás que siguen en casa, pero sin conectarse ni comunicarse; una forma muy sutil de ausencia tan común que muchos la consideran normal.
Y si analizamos bien el tema, veremos que se juzga a hombres que no hacen más que repetir lo que desde pequeños se les enseñó. Que no hacen más que reflejar lo que la sociedad a través de su familia, educadores y el entorno adulto les repitió una y otra vez desde que eran apenas unos bebés.
Es por eso que considero urgente la difusión y promoción de una paternidad conectada, empoderada, amorosa, responsable, conciliadora, respetuosa y consciente… especialmente eso, consciente.
Los cambios que con urgencia requiere la sociedad en que vivimos, deben empezar a gestarse desde nuestros corazones, reflejarse desde allí a nuestras familias y a nuestros hogares, para desde allí proyectarse hacia el mundo. Pero hemos estado tratando de hacer lo contrario desde hace muchísimo tiempo; tratamos de corregir el desastre desde afuera, mientras ignoramos la misma raíz: la violencia y la desarmonía imperantes en lo más profundo de nuestro ser.
Una Nueva Paternidad es una apuesta total por el cambio, por el verdadero amor, ese que no requiere de máscaras para dejarse ver y hacerse escuchar. Pienso que quizás por eso mismo, algunas personas no creyeron en nosotros; pero afortunadamente otras sí lo hicieron, y acá está materializado un sueño, al alcance de todos ustedes.
Espero les guste, les mueva tanto y les ayude a sanar, así como lo hizo con cada uno de los que participamos en él, de eso estoy seguro… sin más que agregar acá les dejo un libro escrito por 8 almas que decidieron dejar de callar lo “incallable”, que soñaron e hicieron lo que creyeron correcto, y que no se cansarán nunca de seguirlo repitiendo al mundo: Una Nueva Paternidad!
(Elvis Canino)

Una Nueva Paternidad
Editorial La pedagogía Blanca 2.013
(N° 1 en Amazon a 24 horas de su lanzamiento)
Autores:
Mireia Long
Armando Bastida
Alejandro Busto
Elvis Canino
Carlos Costa
Álvaro Espejo
José Ernesto Juan
Ramón Soler
Con un Prólogo de lujo del Dr. Carlos González (Pediatra, Autor de Bésame mucho entre otros libros, Defensor acérrimo de la Crianza Respetuosa)
Más información acerca de los Autores y la Editorial La Pedagogía Blanca: 
http://pedagogiablanca.com/editorial/autores/


lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Crecer a su sano ritmo?



Esto pienso cada vez que alguien aprueba o desaprueba que Mariana sepa esto o aquello a su edad, dos años, dos meses.

Normalmente, me preguntan si Mariana hace alguna cosa (habla, toma teta, cuenta números, comparte, dejó los pañales) e inmediatamente me preguntan su edad. Antes que digan nada ya se cuál es la intención: determinar si está adaptada al ritmo de los demás niños de su edad. 

Si mi hija no hace alguna cosa que ya debería haber hecho, asumen dos cosas: 
1.- Que yo no la estimulo. Y es verdad, no quiero invertir mi tiempo en motivarla para que esté al ritmo de los demás. La vida es corta así que hay que disfrutar cada etapa como venga, bueno, eso pienso yo. 
2.- Que Mariana sufre algún retraso o patología por lo que hay que llevarla con un especialista. Pues, me presento, "mucho gusto, mi nombre es Louisiana Panagua. No me preocupan los "retrasos" de aprendizaje que "pueda" tener mi hija en comparación con la media. 



Eso sucede porque yo misma no soy una mamá de "la media". Soy una mamá rara. Prefiero invertir mi tiempo en sanar mis heridas de la infancia y de vida (que todos tenemos aunque no lo queramos reconocer) para enseñarle a Mariana un mejor patrón conductual del que me dejaron mis padres (a quienes amo porque hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían). Como estoy llena de defectos y conflictos emocionales, y Mariana va aprendiendo TODO lo que me ve hacer, quiero invertir mi tiempo en cambiar yo para que ella aprenda de mis cambios.

Por otro lado, personalmente no me gusta que me presionen, siempre lo he considerado una forma de violencia, por eso no me gusta presionarla. Claro, también está la motivación, pero desde mi punto de vista, la motivación que viene desde la percepción del adulto, desfigura el ritmo del niño. Entonces, trato de respetar su ritmo, que sea su propio interés el que la motive a aprender cosas nuevas, que reconozca sus propias limitaciones para que las use como trampolín para conquistar nuevas habilidades.


Tenemos un largo camino por delante. A mi me toca explorarme interiormente porque quiero corregir lo que le proyecto (con todo y mis metidas de pata). En esta misma medida no le sirvo a Mariana de sombra, sino de luz, no para guiarla sino para acompañarla en su propio camino hasta que ella quiera.

sábado, 31 de agosto de 2013

Cuando falla la envoltura!!


La mayoría de las personas que recibimos un obsequio, lamentablemente no reparamos en el envoltorio, sino al contrario, lo rompemos ansiosos hasta hallar lo que más nos importa, el regalo. Aunque quien nos ha obsequiado seguramente se haya tomado el tiempo y el cuidado de prepararnos el presente de la mejor y más bonita de las maneras.
Siempre pensé en dar el más perfecto, perecedero, y único regalo que solo yo pudiera hacerle a mi hijo, y lo conseguí. Sin embargo me falló la envoltura. Sí, la envoltura. Solo espero que con el paso de los años, él también sea, lamentablemente, como la mayoría de las personas y que le dé más importancia al regalo y no a ese estuche bien cuidado, delicado y dedicado, con su lazo de satén colorido, y en su entorno lleno de mariposas que él se merecía. Espero que entienda que si no lo pude envolver no fue precisamente porque creyera que él no lo mereciera.
Mi hijo tuvo su regalo, sí. Ese tejido vivo e irreproducible aún en los más avanzados laboratorios de todo el mundo. Su envoltura, entiéndase mi regazo, mi pezón, mi piel, mi calor más directo, el ángulo más perfecto de mi mirada…y quizás otras tantas cosas que por inexperiencia desconozco, eso fue lo que falló.

Esta es nuestra historia :
Mamá y papá cruzan el mar y abandonan sus tribus (familiares y amigos), llegando a las Islas Canarias para comenzar una nueva vida con más oportunidades laborales, hasta que deciden formar su propia familia.
Parto provocado/inducido a las 36 semanas. Tras 26 horas, una de las noches más angustiosas de mi vida, (tanto que ni la oxitocina ha conseguido disiparla), y de toda la medicación administrada, llegó al mundo el pequeño Enzo, y pequeño no solo lo digo cariñosamente, 47cm y 2400gr. Mi felicidad era infinita, pero mi ignorancia en cuestiones de crianza, a pesar de ser enfermera, también.
De todos los errores que se cometen en atropello de la lactancia, con vergüenza les digo que creo que me salté muy pocos.

Mis errores (identificados con el paso de los meses):

Permití que me arrancaran a mi bebé de mi pecho nada más nacer. Recién había encontrado mi pezón, cuando tallarlo y pesarlo se convirtió en lo más importante para el personal sanitario, y como es el procedimiento habitual y yo era una ignorante, no me negué.

Permití que la primera noche de nacido mi hijo no durmiera conmigo. En el hospital donde nació existe “el nido”, donde los bebés son vigilados, alimentados e higienizados hasta su alta, que puede ser 24h después del parto, entonces ya se los queda la mamá, si ella especifica que quiere dar LME entonces se los llevan antes, como fue mi caso, pero al llegar la noche ante la insistencia prolongada de una enfermera conocida que alegó que yo necesitaba descansar y que por una noche sin mí no pasaría nada, que lo tendría el resto de su vida conmigo, cedí. El resultado fueron unos biberones cada tres horas en su primera noche de vida.

No entendí “a demanda”. Siendo mi bebé prematuro, estando al límite de peso y habiéndoseme administrado tanta medicación que parte fue absorbida por él, entre ella la epidural durante tantas horas, mi bebé no demandaba alimento, solo dormía. Y como no demandaba y a alguien le oí que los bebés recién nacidos quedaban exhaustos tras el parto y que era normal, pues no lo puse al pecho todas las veces que debí.
Recuerdo que siempre estaba pendiente a que despertara, a que buscara, a que hiciera el más mínimo gesto que me hiciera pensar que tenía hambre para ponérmelo, pero nada, y entremedio pasaban unas 6 horas, ahora sé que era mucho tiempo para él, entonces no lo sabía, ni tenía una tribu que me apoyara, yo estaba perdiendo más de un kilo y medio de líquidos al día y la cabeza me daba tantas vueltas que no me daba cuenta que el tiempo pasaba más deprisa de lo que yo percibía , me sentía muy feliz… pero atolondrada.

Aprendí con un buen golpe que un bebé no puede ni debe esperar. La succión de mi pequeño era débil e insuficiente, se cansaba y se dormía, yo lo estimulaba pero otra vez succionaba y se dormía. Al alta el pediatra me advirtió que al ser mi bebé pequeño seguramente no necesitaría la misma cantidad de alimento que un bebé a término, que no me obsesionara con la comida. Al principio lo intenté pero empecé a sospechar que no se alimentaba bien, e insistía en el pecho una y otra vez con el mismo resultado, succionaba un poco y se dormía nuevamente. En su 3er día de vida lo llevé al centro de salud y comprobaron que estaba hipoglucémico (los niveles de azúcar bajos). Había entrado en un círculo vicioso donde necesitaba comer pero no tenía la energía suficiente para conseguir alimentarse así que a modo de prevención y vigilancia nos tocó pasar 3 días en el hospital donde le dieron más biberones ya que al usar un sacaleches se comprobó que a mí no me había bajado la leche aún, no fue hasta el 5to día postparto que me la noté.
La culpa que sentía no tiene dimensiones, y el sufrimiento al separarme de él, menos aún. Me consideré la peor de todas las mamis y hasta pensé que la culpa la tenía yo por no ceder a darle un biberón a tiempo.

La famosa lactancia horaria también tocó mi puerta. Las recomendaciones al alta fueron un biberón de x ml cada 3h…y ahí dije “Hasta aquí” y comenzó mi transformación de mamá oruga a mamá mariposa. Tenía que hacer algo, no podía quedarme así sin seguir cuestionando todo y a todos, incluidos a mis colegas, sobre la crianza de mi hijo, debía tomar las riendas de una vez…y entonces cometí otro error.

Nosotros no hicimos el amor, lo nuestro fue una triste y patética violación. Del hospital salimos con lactancia mixta, allí me extraía la poca leche (10-15cc por cada seno) que me iba saliendo y se la daba en el biberón. En casa continué haciendo lo mismo. Hice varios intentos de ponerlo al pecho: barriga con barriga, ombligo con ombligo, cabeza recta y en el ángulo adecuado, mi brazo cómodo para evitar el dolor de espalda…estamos listos, ahora el pezón a la boca!!
Estaba tan preocupada por hacerlo bien que anulé mi instinto, mi lado mamífero y salvaje. Las veces que me succionó era una continua pelea contra el pecho, creo que lloraba porque conseguía sacar poco o nada. Además de que me dolía y me aguantaba, otro de mis errores. Para entonces creo que ya tenía la luego conocida confusión del pezón.
Recientemente leí lo siguiente de Laura Gutman: “Todas las madres, absolutamente todas, pueden amamantar a sus hijos. En vez de hablar de técnicas, horarios, posiciones y pezones, vamos a hablar de amor. Amamantar a nuestro hijo nos va a resultar sencillo si nos damos cuenta de que es lo mismo que hacer el amor: al principio necesitamos conocernos. Y esto se logra mejor estando solos, sin prisa. Cuando hacemos el amor con el hombre que amamos, no nos importa el tiempo, ni si el coito dura más o menos de 15 minutos, si estamos más en un lado de la cama o en el otro, si estamos arriba o abajo. No nos importa si lo hacemos varias veces en una hora o si dormimos agotados y abrazados todo un día. No hay objetivos, salvo amarnos. Cuando nace el bebé, el reflejo de succión es muy fuerte. Como su nombre lo indica, tienen el reflejo de buscar, encontrar y succionar el pecho materno. Para ello sólo se necesita que el bebé esté cerca del pecho. Mucho tiempo. Todo el tiempo. Porque el estímulo es el cuerpo de la madre, el olor, el tono, el ritmo cardíaco, el calor, la voz; en fin, todo lo que le resulta conocido. Como en los encuentros amorosos .que de eso se trata, necesitamos tiempo y privacidad. Las mujeres necesitamos entrar en comunicación con el hombre para acceder al acto sexual. No hay ninguna diferencia en el acto de amamantar. El bebé necesita estar comunicado para sentir el contacto y poder succionar, y las mujeres para producir leche y generar amor. Así de simple. Si recordamos que la leche materna no es sólo alimento, sino sobre todo amor, comunicación, apoyo, presencia, cobijo, calor, palabra, sentido... entonces nos resultará absurdo negar el pecho porque «no le toca», «ya comió» o «es capricho». ¿Acaso es capricho cuando necesitamos un abrazo prolongado del hombre al que amamos? Sólo el alejamiento de nuestra esencia nos conduce a pensamientos tan violentos hacia nosotras mismas y hacia nuestros bebés”. No fue hasta entonces que me di cuenta, con mucha pena tengo que decir, del poco tacto que había tenido para con mi bebé.

No pedí ayuda. El mayor de mis errores. Teniendo muy poca ayuda, con malestar general al recuperarme de una preeclampsia, y el hecho de que siempre me ha costado pedir auxilio, disminuyó mis ánimos para salir de casa. Debí buscar la ayuda adecuada, la necesitaba, pero lamentándolo hasta hoy, no lo hice.

De mamá oruga a mamá mariposa:
Después de todos los tropezones, del cúmulo de errores que algún día me perdonaré, continué poniéndome cada, las famosas 3 horas, el sacaleches al pecho. Alimentaba a mi bebé, lo dormía y me extraía para la próxima toma.
Recapitulando y recordando: Nació un 4, pasó del 6 al 8 en el hospital. Para el onceavo día del mes ya solo lo alimentaba con una toma de fórmula de las 8-10 que hacía al día, y sin perder la esperanza continuaba poniéndolo al pecho aunque con muy poco o ningún resultado. Al terminar el mes solo tomaba lactancia materna exclusiva y así se mantuvo hasta los 7 meses en que iniciamos la alimentación complementaria. Las tomas de leche continuaban siendo maternas.
Al extraerme de los dos pechos la cantidad llegó a ser el doble de lo que mi pequeño consumía, entonces comencé a hacer mi propio banco de leche. Conseguí congelar 57 tomas de 150cc cada una, para los curiosos sobrepasa los 8 litros. Llegué a extraerme a diario entre 750 y 800cc y mi pequeño tomaba con el paso de los meses una media de 600-700 al día, muchos días tomaba menos. Dejé de congelar por falta de espacio, no por falta de leche. Para que no bajara la producción después de haber hecho mi banco, la sacaba y la tiraba, una lástima, ya lo sé, pero era el precio a pagar.
Así se convirtió el señor Medela en mi aliado incondicional, siempre disponible para mí. Recuerdo que fueron 4 meses a mi disposición cada 3 horas. Mi bebé comenzó a dormir toda la noche a los 3 meses así que no requería las tomas nocturnas pero yo seguí despertándome en las noches un mes más. A medida que iba aumentando la cantidad de leche que producía fui bajando el número de veces que me extraía, así llegué a producir 180-200cc por cada pecho y ponerme de 3 a 4 veces al día. Mis tiempos con el sacaleches no eran tiempos muertos, aunque pudieron serlo los ocupé en algo productivo y con la distracción pasaba más tiempo que el que necesitaba para extraerme, creo que eso me ayudó a compensar la estimulación que me faltaba de la succión de mi bebé. Así comencé a investigar, a leer mucho. Mientras el sacaleches hacía su trabajo yo conocí a Carlos González, a Laura Gutman, a Rosa Jové y a muchos otros, y me empapé de ellos y cuanto más conocía más deseaba conocer, y pensé con mucha pena que sí, que nos pasamos la vida preparándonos para casi todo, menos para ser padres, debí haberlos leído antes. Descubrí que la forma en que mi instinto decidió criar a mi hijo la llamaban crianza con apego y al conocer esta página pensé en que yo también quería cambiar el mundo J
Alguna vez salíamos de paseo y las horas se extendían hasta la vuelta a casa pero por entonces disfrutaba de los misterios de mi cuerpo, de lo que nadie me había contado, ni siquiera en las clases maternales. Esa sensación de electricidad que producía la eyección cuando se iba acercando la toma me hacía sonreír en plena calle, me sentía viva, me sentía Madre y Mujer. Descubrí que a los 3 meses mis pechos dejaron de inflamarse y de gotear pero que sin embargo seguían produciendo la misma o más cantidad de leche, así que no le di importancia. Luego supe que eso era normal, que muchas mujeres pensaban después de eso que “se les había ido la leche” y tengo que reconocer que si no fuera por el señor Medela, por entonces yo también hubiera caído en ese error.
Después de 7 meses y medio en los que Don Medela y yo hemos hecho todo lo posible por alimentar a mi bebé llega el momento de trabajar, de reincorporarse a la sociedad que tan olvidada tiene las necesidades de los niños empezando por los lactantes. Tocó dejar de cuidar a mi hijo para cuidar a otros unas horas. Además de madre soy enfermera, una realidad que tengo que aprender a compatibilizar. Comienza el estrés de la reincorporación, del abandono de mi hijo, de la conciliación trabajo-casa-bebé-esposo…y no por ese orden. Comienzan los madrugones para sacarme la leche antes de salir a trabajar, las interrupciones en el trabajo una vez cada turno siempre que se puede, alguna vez he vuelto con el sacaleches intacto…comienza a bajar la producción de mi leche también por el agotamiento físico y comienza mi hijo a reclamar mi atención. Me echa de menos, como yo a él. No puede entender que después de horas sin vernos yo llegue de algún lugar y lo bese, lo abrace, lo mime y después lo cambie por sentarme con una cosa amarilla que hace ruido en vez de seguir estando juntos… Para quien da el pecho interpretar cuando desea el niño ser destetado creo, quizás desde mi ignorancia, que sería fácil. No conozco a nadie en mi caso así que aunque al principio me costó hacerme a la idea, pues me hubiese gustado continuar mínimo hasta después del año, he decidido interpretar su necesidad de aprovechar el tiempo juntos como su forma de destetarse, hoy ya suman 9 meses y medio y seguimos Medela, bebé y yo siendo un trío pero ya no me angustio por las cantidades ni los horarios. Siento que más que ese tejido vivo lleno de proteínas, inmunoglobulinas, enzimas, minerales, vitaminas, carbohidratos, grasas, hormonas y nucleótidos, mi hijo me necesita a MÍ. ¡Qué fácil hubiese sido ponerlo al pecho una vez llegada a casa y disfrutar justos ese momento!
Mi esposo, que apenas lo he mencionado, también ha compartido con Medela, nunca nos ha abandonado cuando en las noches su ruido lo despertaba aún teniendo que trabajar al día siguiente. Siendo criado con biberón en pleno boom de las leches de fórmula ha respetado mi deseo de alimentar a nuestro bebé con mi leche. Ha fregado biberones y extractores. Ha continuado con mis tareas cuando me tocaba parar para mi cita con el Señor Amarillo y me ha hecho sentir bien al confiarme que él no hubiera sido capaz de llegar tan lejos. Por todo eso aprovecho para darle las gracias.
Este escrito está hecho para todas, aunque en verdad espero que le sirva a aquellas a las que les ha fallado la envoltura. Yo puedo decir que en este siglo en que vivimos, otra manera más sana y natural que la leche de fórmula es posible, aún cuando paradójicamente sea este mismo siglo y sus avances quienes han puesto más difícil el arte de amamantar.

Yo mientras seguiré esperando mi segunda oportunidad. Algún día seré mamá nuevamente y para entonces, no sé si conseguiré instaurar la lactancia, pero de lo que estoy segura es de que no me permitiré cometer los mismos errores, y si aún así no lo consiguiera…siempre me quedará Don Amarillo y todas mis ganas de alimentar!!
Milexy

viernes, 30 de agosto de 2013

LA COMIDA EN LAS FIESTAS DE CUMPLEAÑOS

Las fiestas de cumpleaños de los niños tal como culturalmente se festejan hoy, son un indicador fehaciente del lugar que le otorgamos a la comida de plástico. Casi todos los niños escolarizados tienen un promedio de un cumpleaños por semana. Ir a una fiesta de cumpleaños se interpreta como el lugar donde llenarse de lo peor de la oferta gastronómica. Y esto no depende de la capacidad económica de los padres, sino de la costumbre. De hecho, es frecuente que en las fiestas haya un apartado con comida de altísima calidad y muy gourmand para los adultos, pero que en la mesa destinada a los niños haya apenas productos de copetín terriblemente salados, golosinas, chicles, seudocereales multicolores repletos de azúcar y las infaltables gaseosas. Los niños se llenan de estos productos demasiado salados o dulces, la rematan luego con la torta de cumpleaños y al finalizar se llevan de regalo unas bolsitas también repletas de golosinas, en caso de que hayan comido pocas durante el festejo.
Todos los niños terminan esas fiestas intoxicados, muchos de ellos vomitan al llegar a casa, sólo para estar nuevamente preparados para el próximo cumpleaños. Y eso que se supone que estamos festejando el aniversario de la vida de cada homenajeado.
                                             
Los padres vinculamos festejo de cumpleaños con papas fritas y “chizitos”, con panchos y gaseosas, y con ruido ensordecedor y excitación, como si eso fuese sinónimo de alegría. Y también suponemos que los niños quieren “eso”. Una vez más, estamos ante una repetida equivocación. Si van a estar solos y perdidos entre la multitud de niños estresados, mejor hacerlo con mucho ruido y comida que tape la angustia. 
                                     
Pero si se les ofreciera un festejo calmo, entre pocos niños conocidos, con alguna actividad creativa, en el que cada niño pudiera estar acompañado, mirado y tenido en cuenta, podrían comer algo sencillo, saludable, en pequeñas cantidades, y además, les gustaría mucho.
                               
Las interpretaciones que hacemos los adultos sin mirar más allá, nos arrojan a un mar de conclusiones confusas y dejan a los niños desprovistos de poder elegir lo que necesitan. 
                        
Casi no se nos ocurren festejos diferentes: los desarrollos de las fiestas parecen “enlatados” como las series norteamericanas de televisión. Y la sistematización de estos encuentros supone servir la peor comida, mientras acordamos entre todos que “eso hace feliz a los niños”. Si pudiéramos detenernos unos instantes y entráramos en contacto con el miedo que nos produce ser honestos con nosotros mismos, y encontráramos una manera personal de hacer las cosas sin preocuparnos por lo que opinan los demás (ese “demás” abstracto donde proyectamos nuestros temores más arraigados otorgándoles un poder extraordinario), quizás sabríamos que a nosotros, lo padres, no nos gustan “esos” festejos.  Que nos aturden. Nos agotan. Nos arrojan a un vacío existencial. Nos alejan de nuestros hijos. Si pudiéramos poner las manos sobre el corazón, cerrar los ojos y relatarles a nuestros hijos cómo nos gustaría celebrar su cumpleaños… seguramente los niños estarían maravillados. Porque hasta ese momento, lo único que conocen como festejo son las vivencias de ruido, soledad y gritos. No se requiere ser demasiado creativos, con detenernos unos instantes y cerrar los ojos es suficiente.


Por Laura Gutman

domingo, 18 de agosto de 2013

LA RAÍZ DE LA VIOLENCIA - 12 PUNTOS (Por Alice Miller)



1) Cada niño viene al mundo para expandirse, desarrollarse, amar, expresar sus necesidades y sus sentimientos.

2) Para poder desarrollarse, el niño necesita el respeto y la protección de los adultos, tomándolo en serio, amándolo y ayudándolo a orientarse.


3) Cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable.

4) La reacción normal del niño a esta herida sería la cólera y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor le sería insoportable, y la cólera la tiene prohibida. No le queda otro remedio que el de contener sus sentimientos, reprimir el recuerdo del traumatismo e idealizar a sus agresores. Más tarde no le quedará ningún recuerdo de lo que le han hecho.


5) Estos sentimientos de cólera, de impotencia, de desesperación, de nostalgia, de angustia y de dolor, desconectados de su verdadero origen, tratan por todos los medios de expresarse a través de actos destructores, que se dirigirán contra otros (criminalidad, genocidio), o contra sí mismo ( toxicomanía, alcoholismo, prostitución, trastornos psíquicos, suicidio).


6) Cuando nos hacemos padres, utilizamos a menudo a nuestros propios hijos como víctimas propiciatorias: persecución, por otra parte, totalmente legitimada por la sociedad, gozando incluso de un cierto prestigio desde el momento en que se engalana con el título de educación. El drama es que el padre o la madre maltratan a su hijo para no sentir lo que le hicieron a ellos sus propios padres. Así se asienta la raíz de la futura violencia.

7) Para que un niño maltratado no se convierta ni en un criminal, ni en un enfermo mental es necesario que encuentre, al menos una vez en su vida, a alguien que sepa pertinentemente que no es él quien está enfermo, sino las personas que lo rodean. Es únicamente de esta forma que la lucidez o ausencia de lucidez por parte de la sociedad puede ayudar a salvar la vida del niño o contribuir a destruirla. Esta es la responsabilidad de las personas que trabajan en el terreno del auxilio social, terapeutas, enseñantes, psiquiatras, médicos, funcionarios, enfermeros.

8) Hasta ahora, la sociedad ha sostenido a los adultos y acusado a las víctimas. Se ha reconfortado en su ceguera con teorías, que están perfectamente de acuerdo con aquellas de la educación de nuestros abuelos, y que ven en el niño a un ser falso , con malos instintos, mentiroso, que agrede a sus inocentes padres o los desea sexualmente. La verdad es que cada niño tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres. Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad .

9) Hace solamente unos años, se ha podido comprobar, gracias a nuevos métodos terapeúticos, que las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas, están inscritas en el organismo y repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona. Por otra parte, los ordenadores que han grabado las reacciones del niño en el vientre de su madre, han demostrado que el bebé siente y aprende desde el principio de su vida la ternura, de la misma manera que puede aprender la crueldad.

10) Con esta manera de ver, cada comportamiento absurdo revela su lógica , hasta ahora ocultada, en el mismo instante en que las experiencias traumatizantes salen a la luz.

11) Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación.

12) Los niños, cuya integridad no ha sido dañada, que han obtenido de sus padres la protección, el respeto y la sinceridad necesaria, se convertirán en adolescentes y adultos inteligentes, sensibles, comprensivos y abiertos. Amarán la vida y no tendrán necesidad de ir en contra de los otros, ni de ellos mismos, menos aún de suicidarse. Utilizarán su fuerza únicamente para defenderse. Protegerán y respetarán naturalmente a los más débiles y por consecuencia a sus propios hijos porque habrán conocido ellos mismos la experiencia de este respeto y protección y será este recuerdo y no el de la crueldad el que estará grabado en ellos.

(Por Alice Miller)