lunes, 8 de enero de 2018

Yo quería un parto natural...

Me costó tomar la decisión de compartir mi experiencia, pero lo hago para que las mujeres que me lean estén informadas y no les pase lo mismo.
Estaba de 40 semanas y 2 días, tenía un control a las 17.3, ese día transcurrió con total normalidad, pero antes de ir a dicho control decidí tomarme la presión ( lo hacía 3 veces por día, por control ). 16/9 apareció en la pantalla del aparato. Me asusté, pero no perdí la calma. Respiré profundo varias veces y volví a tomarla, 15/8. Llamé a mi doctora, que días antes me había dicho que si tenía más de 13/8 le avisara. "Vamos a internarte y a inducir el parto" me dijo. Hasta ahí, todo bien. Yo sabía que podía pasar lo de la inducción. Llamo a mi partera y me dice que está en una cirugía y que me mandaba a una colega. En ese momento sentí una desilusión, había ido con mucho esfuerzo a las clases pre y post parto, y sentía confianza con mi partera, pero bueno, lo más importante era que Roma naciera bien, no quería preocuparme por eso. Llegué a la clínica y mi presión ya había bajado. Cuando llegó la partera ( de apellido Rondal ) yo ya estaba con mi presión normal, pero la doctora había hablado con ella y la decisión de inducir el parto seguía de pie. Yo no me negué, la verdad es que no quería arriesgarme a volver a casa y que me pasara de vuelta lo mismo.
Empezó el proceso. La partera intentó tres veces ( fallidas ) ponerme la aguja para el suero. Hasta que mi mano se hinchó y me apareció un moretón. Ahí fue a buscar ayuda. Vino una enfermera y logró ponerlo con éxito. No parecía ser una cosa difícil, pero yo no quería hacerme problema. De hecho Hernán, mi marido me preguntaba si estaba bien, como queriendo hacerle notar a la partera que estaba haciendo las cosas mal. Pero eso no fue nada en comparación con lo que pasó después. Y realmente decido hacerlo relato porque recién ahora tomo conciencia de que podría haber pasado algo grave. La partera introdujo la medicación para acelerar, mejor dicho para producirme las contracciones. De repente empezaron. Así, de repente. Sentí un dolor que yo sabía que no podía ser normal. Claro, estábamos acelerando un proceso que debe ser natural y progresivo. De todas maneras intenté recibirlas con amor. Respirando profundo. Escuchando mantras que me ponía Hernán mientras me hacía masajes en la espalda. En un momento la partera decide hacerme tacto, habían pasado minutos desde la primer contracción, pero parecía estar muy apurada...me hace tacto y yo siento un líquido correr por mis piernas. "Uy! Te rompí la bolsa" me dijo, con total normalidad..."así aceleramos un poquito" . Yo sabía que eso no estaba bien. Lo sabía, lo sentía, pero no quería salirme de mi eje. Sentía que no quería ir al choque con la persona que me ayudaría a dar a luz. Hernán estaba enojado, y en los momentos en los que nos quedabamos solos me lo decía. Pero yo preferí quedarme callada, tenía un solo objetivo. Dar a luz a mi bebé y que todo estuviera bien. Las contracciones seguían, cada vez más intensas y muy dolorosas. Pero mi dilatación era mínima. Y si, claro, me inyectó mucha medicación de golpe, eso provocaba tanto dolor. Pasaron como tres horas y un momento me dice. "Yo te recomiendo que te des la epidural, no vas a soportar el parto así..." Yo le había aclarado que no tenía intención de aplicarla. Pero en ese momento, era tan intenso el dolor y tan grande mi miedo de no poder lograr un parto natural que le dije que si.
El anestesista llegó después de varios minutos. Me llevaron a la sala de partos y me aplicó la anestesia. De repente empecé a sentir un gran alivio. Pero mi vista se fué nublando de a poco hasta llegar al punto de no ver nada. Mi pierna derecha estaba dormida. Seguía teniendo contracciones, pero las sentía muy leves y mi cuello seguía sin dilatar. Entonces la partera le dice al anestesista "no podés darle algo para la dilatación? " En ese momento yo quería opinar, pero estaba tan cansada y tan asustada y tan drogada que no pude. Y así fue como me volvieron a introducir un líquido fármaco que hizo que mi vista se nublara de nuevo, y definitivamente, ya no sintiera mi cuerpo. Ahí fue cuando entro mi doctora, porque claro, aceleraron la dilatación, pasé de tener 4 a tener 9 en un instante. Mientras preparaban todo yo iba pujando cada vez que sentía o mejor dicho creía sentir una contracción pero cuando tenía que tomar aire para volver a pujar no tenía fuerzas. Estaba agotada. Eso me pasó varias veces. Hasta que la doctora me dijo "Tu bebé se está cansando" y sí, cómo no se iba a cansar, si de repente tuvo que empezar a trabajar para salir de su hábitat, de forma brusca y llena de medicación...
Pujé y pujé y me quedé sin aire, sentí que mi cabeza podía estallar, de repente sentí un corte que me ardió y segundos después estaba afuera Roma. Blanca como un papel, y sin emitir sonido. La envolvieron en una toalla y se la llevaron de inmediato. Hernán fue con ella. Y ahi me quedé yo. Con una mezcla de sentimientos tremenda. Queriendo llorar de angustia y emoción al mismo tiempo. Preguntando que había pasado. Siempre soñé con que saliera de mi cuerpo y me la pusieran encima, toda llena de mi, siempre soñé con sentir su llanto y su calor y eso no estaba pasando. Asustada pregunté a mi doctora mientras me cosía, que era lo que pasaba. Y ella me respondió tranquila que salió muy cansada y le costó respirar, que por eso se la habían llevado, para ayudarle a que recupere y nivele su ritmo cardíaco, y en cuanto terminara de coser me podría ir a verla. Creo que tardó minutos en cerrar la herida que estaba abierta, pero para mí fueron horas. Me llevaron a la sala donde estaba Hernán y ahí estaba, con un gorrito blanco y vestida ya. Conectada a cables que controlaban su respiración. Me la pusieron encima y ahí supe que todo estaria bien. La llevaron a Neo para seguir controlando sus niveles de glucosa y su ritmo cardíaco, fueron solo unas horas, pero las sufrí.
Hoy, recordando todo pienso en que las cosas no salieron como yo esperaba. Pero que soy una afortunada, porque salieron bien. Pero no puedo dejar de pensar en que podrían haber salido mejor. Si yo hubiera estado informada, nunca la hubiera hecho pasar por todo eso. No es nuestro deber saberlo todo, claro. Yo me entregué, confié en la persona que me estaba acompañando, elegí creer que todo era correcto. Pero mi cuerpo sabía que no era así y me callé. Por eso ahora lo cuento. No nos callemos, no permitamos que hagan lo que quieran con nuestro cuerpo, solo para ganar unas horas. Hagamos valer nuestros derechos. El nacimiento de un hijo es algo demasiado importante, único e inolvidable.

Si estás por dar a luz, llenate de información, y siempre hacele caso a tu intuición, por más que tengas miedo, por más que sientas que te salís del eje, vale la pena, por tu bebé.

Sabrina Raffaelli



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